Hungry March Band - Push It

Abril





imágenes de un abril festivalero...





y que tal si sucede...

Que tus Átomos se exciten mientras miradas que buscan otros lugares para el corazón; son basura que se tira en el basurero aquel... Donde conviven los descarnados encuentros con la dicha de estar vivos, triturando el sinsentido de los celos en esta ardiente mescolanza que es apenas el comienzo de una época donde una turba de bravucones apenas se arriesga a tomar una fortaleza... Y es la voz de un chaman ronco lo que hace que el instinto culpable de los depredadores se enternezca en cada nueva muerte y vida del suspiro dulce de la vida.

Fernando Bruma
Bogota (un día antes del concierto del chaman ronco), en la plaza de Bolívar.

El Desvelo.

Los desvelos de Juanita son amargos encontrones con pensamientos que la llevan a mirar su cotidianidad como la sucesión de ritos que no sabe evitar, irredentos impulsos del sentido que desembocan siempre en una percepción asombrada con eso que aparece ante sus ojos como la realidad de las cosas.

Hace no muchos días; Juanita escucho en una de sus clases de universitaria desbocada que las palabras remiten los lugares y que estos a su vez remiten a la mirada y el recuerdo y esa mirada y ese recuerdo vuelven palabra el territorio vivido. Eso la tiene videada y entretenida y desvelada.

Las locas ganas de acomodar conocimiento y de relacionar el lugar de sus cotidianidades con palabras provenientes de su exacerbado territorio de ficción, han llevado a Juanita al punto de ejercitarse de maneras inefables en una especie de itinerarios que tienen que ver con su recién adquirida manera de ir por la vida.

Este desvelo es uno más en la lista de desvelos en que convirtió su vida.

Juanita lee ahora y en desorden las ideas de un profesor italiano. El artículo es sobre la encrucijada de la territorialidad urbana. Son la once y media de la noche, el silencio a veces lo interrumpen las semillas del árbol de al lado que no dejan de golpear el techo. El profesor italiano propone definiciones novísimas sobre el territorio. Juanita prepara una pequeña pipa con opio al mismo tiempo que comienza a traer a su mente un párrafo, dos párrafos, tres párrafos que no sabe como, pero los ha memorizado. Como esas canciones que siempre suenan en el trasporte y los lugares públicos y que uno resulta cantando sin jamás haberse propuesto aprender sus letras o sus ritmos.

El opio es utilizado por Juanita como catalizador del tiempo y las palabras. El resultante de esta combinación siempre es tiempo muerto.

Ya son las tres de la madrugada, la luz del computador ilumina la silueta de Juanita, el teclado después de la última bocanada opiácea de suaves conjeturas con la ficción no ha dejado de sonar.

Juanita cree haber iniciado por fin su novela.

expectativa por nada


En cualquier momento la realidad y la ficción se tomaran el pelo en la provincia de nombre de pincelada.

DEBER SER

Debo sondear versos de tendencia amarga

En cantos arrítmicos y reservados

A las tres de la mañana.

Debo tentar a los espíritus chocarreros

Con aves disecadas que miran la luna

Y relojes atrasados que yo mismo voy dejando sobre libros

En mesas empolvadas donde una bola de cristal

Contiene en sus moléculas toda suerte de aromas bienquistos.

Debo increpar mis sueños pausados

Y saludar con mi sombrero a los fantasmas que surgen en los caminos de las hormigas

Y arrepentirme por los males causados en el confesionario donde atiende un ángel imposible.

Junio 15 del 2011.